No es culpa de Prudencio ser así, tan seria. Es que su especio estuvo apunto de extinguirse y él tiene la sensación de un constante holocausto. No es su culpa creer que las cosas son muy serias como para reír, divertirse o hacer el rídiculo. En algún sentido, todos tenemos un pequeño Prudencio dentro de nosotros, que se niega a reírse de si mismo. Pero todos queremos mucho a Prudencio, aunque las mayor parte del tiempo nos desespere. Es que todos necesitamos a un Prudencio en nuestras vidas, que nos hagas aterrizar los pies en la tierra de vez en cuando. Pero Prudencio támbien necesita que despeguen los suyos. Es una relación simbiotica. Una muy linda por cierto.
Yo amo a Prudencio, la Chinchilla gruñona, porque sé que cada vez que me reta, es porque quiere lo mejor para mí y aunque él no lo reconosca, sé que por dentro es un tierno animalito asustado.
Pero no los aburro más con esto, o como diría mi querido amigo Prudencio; hay cosas más serías por hacer que gastar tiempo en internet.
jueves, 7 de agosto de 2008
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